Dolor cervical persistente

Dolor cervical persistente: cuando el cuello no es el problema

Tabla de contenidos

Resumen

El dolor cervical persistente constituye un desafío diagnóstico y terapéutico frecuente en la práctica clínica. En un número significativo de pacientes, la fuente real del síntoma no reside en estructuras cervicales primarias sino en procesos viscerales, síndromes de salida torácica, cefaleas secundarias, disfunciones temporomandibulares, mecanismos de dolor referido y alteraciones del procesamiento central. El presente artículo revisa la fisiopatología, las claves clínicas para la sospecha de origen no cervical, pruebas diagnósticas relevantes, y las implicaciones terapéuticas, con apoyo en literatura reciente y guías diagnósticas. Se enfatiza un enfoque multidisciplinar y la importancia de detectar señales de alarma (red flags) y banderas amarillas que modulan el pronóstico.

Introducción

El dolor cervical es una causa habitual de consulta en atención primaria, consultas de especialidades y en fisioterapia. Aunque las estructuras cervicales (discos intervertebrales, articulaciones facetarias, músculos y raíces nerviosas) son etiologías habituales, existe evidencia creciente de que diversas condiciones no cervicales pueden manifestarse predominantemente con dolor en cuello, hombro o región escapular. El error diagnóstico puede conducir a tratamientos ineficaces, procedimientos innecesarios y retraso en el tratamiento de patologías potencialmente graves. El objetivo de este artículo es proporcionar un marco clínico-científico para identificar y manejar el dolor cervical de origen no cervical.

Definición y alcance clínico

Se define como dolor cervical persistente aquel que dura más allá de las 12 semanas o que muestra recurrencia con impacto funcional significativo pese a intervenciones iniciales. En muchos pacientes con dolor crónico la etiología es multifactorial, y factores psicológicos (p. ej. catastrofismo, ansiedad, depresión) y sociales contribuyen a la cronicidad y al índice de discapacidad. Estudios longitudinales señalan que variables psicosociales son predictores importantes de persistencia y discapacidad en el dolor cervical.

Fisiopatología relevante para el dolor no cervical referido

Convergencia viscerosomática y somatovisceral

La conducción aferente visceral y somática converge en los mismos niveles medulares y núcleos del tronco encefálico, lo que permite la manifestación de dolor visceral como dolor somático percibido en cuello, hombro o región escapular. Órganos del tórax y abdomen alto (corazón, pulmón, esófago, hígado, vesícula biliar, estómago, páncreas, riñón superior) pueden producir dolor referido al cuello por distribución segmentaria compartida o por vías autonómicas. Esto explica fenómenos como dolor cervical durante isquemia miocárdica o colecistitis.

Mecanosensibilidad proximal y distorsión sensorial

Lesiones o disfunciones en la cintura escapular, articulación glenohumeral, o en la región torácica alta pueden provocar patrones de dolor que el paciente describe como “dolor de cuello”. La disfunción de músculos cervicoscapulares (trapecio superior, elevador de la escápula, romboides) puede originar patrones referidos y alterar la mecánica cervical. Además, procesos de sensibilización central y periferica (neuropatía periférica, injuria radicular, dolor neuropático) modifican la localización y cualidad del dolor.

Compresión neurovascular en la región cervicotorácica

El síndrome de la salida torácica (TOS) —en sus formas neurogénica, venosa y arterial— puede presentar dolor en cuello, hombro y brazo, comúnmente con parestesias y signos de compresión neurovascular. La relación anatómica entre las primeras costillas, el músculo escaleno y la clavícula facilita la compresión de raíces inferiores del plexo braquial, con dolor que a menudo se percibe como cervical alto o posterior.

Diagnósticos diferenciales no cervicales que causan dolor cervical

  1. Origen visceral referido: cardiopatía isquémica, enfermedad esofágica, patología hepatobiliar, neumonía apical y patología renal superior. Sospechar en presencia de signos sistémicos, síntomas vegetativos o factores de riesgo cardiovascular.
  2. Cefaleas secundarias (cefalea cervicógena vs migraña): la cervicogenic headache requiere evidencia de trastorno cervical causal según ICHD-3; sin embargo, migraña y cefalea tensional pueden referirse al cuello. El diagnóstico diferencial es clínico y puede requerir pruebas de provocación o bloqueos diagnósticos.
  3. Síndrome de la salida torácica (TOS): dolor cervical/escapular con parestesias y debilidad, empeorado por posición u ocupación; pruebas clínicas específicas y, en casos, estudios electrofisiológicos o imagen.
  4. Disfunción temporomandibular (DTM): el dolor orofacial y del complejo craneomandibular puede referir al cuello, con limitación mandibular y signos locales.
  5. Patología intraarticular glenohumeral o de la escápula: tendinopatías del manguito rotador, pinzamiento subacromial o alteraciones escapulares que provocan dolor percibido en región cervical.
  6. Procesos neoplásicos, infecciosos o inflamatorios sistémicos: deben considerarse ante signos constitutivos, fiebre, historia de cáncer o inmunosupresión.
  7. Dolor neuropático periférico: atrapamientos cercanos al hombro o en el plexo braquial, neuropatías cervicobraquiales.

Claves de la historia clínica para sospechar origen no cervical

  • Inicio súbito o asociado a esfuerzo/ejercicio físico: dolor de inicio con esfuerzo torácico/torácico-abdominal (p. ej. isquemia miocárdica, disección) debe alertar.
  • Síntomas vegetativos (sudoración, náuseas, síncope) o factores de riesgo cardiovascular: investigar causa cardiaca.
  • Relación con la alimentación o cambios postprandiales: sospechar patología hepatobiliar o esofágica.
  • Síntomas respiratorios o fiebre: considerar patología pulmonar apical o infección pleuropulmonar.
  • Dolor que cambia de posición del miembro superior (provocación por elevación o abducción): sugiere TOS o compresión neurovascular.
  • Respuesta parcial o nula a tratamiento mecánico cervical: aumentar la sospecha de origen extrínseco o central.
  • Síntomas temporomandibulares o limitación mandibular: explorar DTM.

Exploración física dirigida

  • Examen neurológico completo: fuerza, sensibilidad, reflejos, signos de afectación radicular.
  • Pruebas de provocación cervical y de cabeza: maniobras de Spurling, extensión-rotación, y pruebas propias para cefalea cervicógena (limitación de la movilidad cervical que reproduce el dolor de cabeza). Considerar bloqueos diagnósticos si la sospecha clínica es alta.
  • Evaluación vascular y neurovascular del miembro superior: pruebas de elevación del brazo, Adson, Roos/overhead stress test, ULTT para descartar TOS o atrapamiento neural. Interpretar con cautela por baja especificidad de algunas maniobras; correlacionar con imagen si procede.
  • Exploración abdominal y torácica: palpación, búsqueda de signos de irritación peritoneal o hepatoesplenomegalia según historia.
  • Examen orofacial y articular temporomandibular: ruidos articulares, limitación de apertura, y palpación de musculatura masticatoria.
  • Valoración de banderas rojas y amarillas: pérdida de peso inexplicada, fiebre, antecedente neoplásico, insomnio severo, signos de compresión medular.

Pruebas complementarias e imagen

  • Electrofisiología (EMG/ENeG): útil cuando existe sospecha de compresión radicular o afectación plexual.
  • Radiología convencional y TC: indicadas si hay trauma, sospecha de fractura, inestabilidad, o patología ósea. TC es útil en evaluación ósea de salida torácica.
  • Resonancia magnética (RM): indicada para sospecha de patología medular, radiculopatía, procesos infecciosos o neoplásicos, y para valoración de estructuras cervicales profundas.
  • Ecografía y pruebas específicas viscerales: ecografía abdominal para patología hepatobiliar; ECG y enzimas cardiacas para sospecha cardiaca aguda. No ignorar pruebas básicas cuando la historia lo sugiere.
  • Bloqueos diagnósticos: en cefalea cervicógena y en algunas disfunciones facetas o nervios occipitales, los bloqueos anestésicos guiados (fluoroscopia o ecografía) ofrecen alta especificidad diagnóstica cuando se usan de forma protocolizada.

Estrategias terapéuticas según etiología

  • Origen visceral: derivación y tratamiento específico para la patología causal (cardiología, cirugía general, neumología, nefrología). La resolución del dolor depende del control de la causa visceral.
  • TOS: abordaje conservador con fisioterapia enfocada en control postural, movilización de primer costilla, ejercicios de fuerza escapular, y control de factores predisponentes; la cirugía se reserva para casos seleccionados con compresión vascular o fracaso del tratamiento conservador.
  • Cefalea cervicógena: tratamiento multimodal con terapia manual dirigida, ejercicios de control motor cervical, farmacoterapia sintomática y, cuando procede, bloqueos diagnósticos/terapéuticos. La evidencia apoya intervenciones combinadas en algunos subgrupos.
  • Dolor miofascial y disfunciones cervicoscapulares: terapia manual, ejercicio terapéutico, educación del paciente, y manejo de factores psicosociales. Programas de autocuidados y educación en ergonomía han mostrado beneficio en ensayos.
  • Manejo del dolor crónico y sensibilización central: enfoque interdisciplinar con tratamiento farmacológico (antidepresivos, anticonvulsivantes cuando corresponda), terapia cognitivo-conductual y programas de rehabilitación para mejorar funcionalidad. La identificación precoz de banderas psicosociales modula el plan terapéutico.

Implicaciones para la práctica clínica

  1. No asumir origen cervical de forma automática: incorporar cribado básico de origen visceral, torácico y craneomandibular en la evaluación inicial.
  2. Utilizar un enfoque estructurado: historia dirigida, examen por sistemas, pruebas complementarias básicas según la sospecha y derivación oportuna.
  3. Trabajo multidisciplinar: coordinación entre medicina general, cardiología, cirugía, fisioterapia, odontología y neurología es esencial para el manejo integral.
  4. Protocolos de confirmación diagnóstica: en cefaleas secundarias y casos dudosos, considerar bloqueos diagnósticos y pruebas que aumenten la especificidad antes de intervenciones invasivas.
  5. Atención a factores pronósticos: identificar catastrofismo, comorbilidad psíquica y situaciones laborales que favorezcan la cronicidad para intervenir con estrategias psicológicas y rehabilitadoras.

Limitaciones y áreas de investigación futuras

La literatura muestra heterogeneidad en definiciones, en las pruebas diagnósticas y en los criterios de exclusión. Se precisa mayor calidad metodológica en estudios que evalúen la contribución relativa de orígenes viscerales frente a cervicales, así como ensayos clínicos que comparen estrategias terapéuticas multimodales y que evalúen la utilidad de bloqueos diagnósticos en subgrupos bien caracterizados. Además, es necesario investigar biomarcadores y herramientas de imagen funcional que incrementen la especificidad diagnóstica.

Conclusiones

El dolor cervical persistente puede obedecer a fuentes no cervicales con relativa frecuencia. Una evaluación clínica sistemática, apoyada en pruebas complementarias dirigidas, y un enfoque multidisciplinar son esenciales para evitar diagnósticos erróneos y optimizar los resultados. La sospecha de origen no cervical debe aumentarse frente a la ausencia de correlación clínica-imagenológica, la presencia de síntomas sistémicos o vegetativos, o la falta de respuesta a tratamientos mecánicos razonables. La práctica basada en evidencia y la derivación oportuna son pilares para el manejo seguro y eficaz de estos pacientes.

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